El despistado
«Ah, sí, esa factura… La miro en cuanto tenga un momento».
No tiene nada contra usted. Su factura simplemente ha quedado enterrada bajo otros cuarenta emails. Lo que no se ve no existe.
Distraídos, desbordados, a la espera de un visto bueno o, simplemente, nadie les ha recordado el pago. Entender por qué una factura se queda dormida es saber cómo despertarla: el mensaje adecuado, a la persona adecuada, en el momento adecuado. Y cada día ganado vuelve a su tesorería.
Solemos imaginar al cliente que se retrasa como un calculador cínico. La realidad es más banal, y más alentadora: la mayoría de los retrasos nacen de un olvido, de un circuito de aprobación, de un interlocutor ausente o de una incomodidad que nadie se atreve a decir.
Las ciencias del comportamiento lo explican bien: actuamos sobre lo que es visible, sencillo y se espera de nosotros. Una factura perdida en la bandeja de entrada no es visible, ni sencilla, ni urgente. Espera.
Recordar un pago no es «acosar». Es hacer visible la factura, quitar fricciones, dirigirse a la persona que de verdad puede pagar y recordar con calma lo que prevé la ley cuando la cortesía no basta.
Para eso hay que saber con quién se habla. Un mismo mensaje, enviado a todos los clientes a la vez, falla con la mitad. De eso trata esta página.
Detrás de cada retraso hay un razonamiento, a menudo inconsciente. Identificar el perfil es elegir el interlocutor, el momento, el tono y el canal adecuados.
«Ah, sí, esa factura… La miro en cuanto tenga un momento».
No tiene nada contra usted. Su factura simplemente ha quedado enterrada bajo otros cuarenta emails. Lo que no se ve no existe.
«Hay que registrarla, que la aprueben, buscar el IBAN… Luego».
Quiere pagar, pero cada paso le cuesta. Cuanto más largo es el camino, más se desliza el pago a la semana siguiente.
«Este proveedor nunca reclama. Puede esperar un mes más».
Paga el último a quien menos se hace notar. Para él, su silencio es una línea de crédito gratuita.
«Sin un pedido aprobado por compras, no puedo pagar nada».
El bloqueo no está en él, sino un escalón más arriba o al lado. Reclamar a la persona equivocada solo da vueltas en círculo.
«Este mes no tengo liquidez. Prefiero no contestar».
El silencio protege de la incomodidad. Cuanto más dura, más cuesta romperlo. Un pequeño compromiso por escrito vale más que una gran promesa de palabra.
«La entrega no estaba completa. Mientras no lo hablemos, no pago».
Un desacuerdo que nunca se expresa lo bloquea todo. Los recordatorios de siempre le molestan; una mano tendida le permite por fin decir qué falla.
Son mecanismos descritos por la economía del comportamiento. No tienen nada de mágico ni manipulan a nadie: ayudan a que un mensaje legítimo se vea, se entienda y tenga efecto. Su resultado varía según el cliente, el sector y la relación.
Actuamos sobre lo que tenemos delante. Un recordatorio en el momento justo, con un asunto claro, vuelve a poner la factura encima del montón.
Cada paso de más retrasa la acción. Un enlace de pago, la factura y el IBAN adjuntos: pagar se convierte en la opción más sencilla.
Quien ha dicho que sí por escrito, aunque sea a un calendario de pagos, tiende a cumplir su palabra. Mejor un acuerdo pequeño y concreto que una promesa vaga.
Una penalización que corre pesa más que una ganancia equivalente. Cuantificar los intereses de demora y la indemnización por costes de cobro hace tangible el coste del retraso.
Recordar el vencimiento pactado es recordar las reglas del juego. Dar las gracias, ofrecer ayuda, escuchar un desacuerdo: la relación sigue siendo un intercambio.
Un aviso antes del vencimiento, para que la factura se tramite a tiempo.
«Un pequeño recordatorio: la factura F-118 vence el viernes. Abajo tiene el enlace de pago».
Una constatación sin reproches, con todo lo necesario para pagar en un minuto.
«Salvo error por nuestra parte, todavía no hemos recibido el pago. Le adjuntamos todo lo necesario».
Nos dirigimos a la persona que aprueba y preguntamos qué bloquea el pago.
«¿Falta algún dato por su parte para poder tramitar el pago de esta factura?»
Se cuantifican los intereses de demora y la indemnización de 40 € por costes de cobro.
«A día de hoy, los intereses de demora previstos por la ley ascienden a 17,95 € (factura de 4.200 € al tipo legal del 10,40 % anual), a los que se suman 40 € por costes de cobro».
Un requerimiento formal de pago por escrito, antes de valorar otras vías.
«Le requerimos formalmente el pago de 4.275,90 € (4.200 € de principal, 35,90 € de intereses de demora y 40 € por costes de cobro) en un plazo de ocho días».
Ejemplos de mensajes. Cada mensaje se puede modificar y usted puede validarlo antes del envío. Cálculos de ejemplo según la Ley 3/2004 y el tipo legal del segundo semestre de 2026.
Sin intereses, sin contrato y, a menudo, sin saberlo. Bastan tres conceptos para entender por qué cuenta cada día.
El trabajo está hecho y los costes, asumidos.
Nace el derecho de cobro. El dinero aún no se mueve.
El plazo pactado ha terminado.
A veces, mucho después del vencimiento.
Durante todo ese intervalo, su dinero trabaja para su cliente.
Los días que tarda, de media, en cobrar una factura. Es el termómetro de sus recordatorios.
Periodo medio ≈ saldo pendiente de clientes ÷ facturación del mes × 30
El dinero que su actividad debe adelantar antes de cobrar: existencias y saldo de clientes, menos lo que debe a sus proveedores.
Cuanto más se alarga el plazo de cobro, más crecen las NOF y más se tensa la tesorería.
Un día menos de plazo es, más o menos, un día de facturación que vuelve a su cuenta y se queda ahí.
Ejemplo: 60.000 € facturados al mes, unos 2.000 € por cada día de plazo.
Introduzca sus propias cifras. El cálculo se hace en su navegador; no se envía nada.
liberados una vez y conservados mientras su plazo se mantenga en ese nivel.
Dinero liberado ≈ facturación mensual × (plazo actual − plazo objetivo) ÷ 30. Es una estimación sencilla, que supone una facturación regular y no tiene en cuenta la estacionalidad, las facturas en disputa ni el IVA. No es una promesa de resultado: es el orden de magnitud del dinero en juego.
Recuerde: entre empresas, la Ley 3/2004 fija un plazo de pago de 30 días si no se pacta otro, y por contrato nunca puede superar los 60 días (art. 4).
Le Frac recuerda el pago de sus facturas en su nombre, teniendo en cuenta a cada cliente: la persona, el momento y el tono adecuados.
El recordatorio va a quien de verdad puede desbloquear el pago, no a una dirección genérica.
Justo antes del día habitual de pagos del cliente, en lugar de una fecha arbitraria.
Cada mensaje incluye la factura, el IBAN y un enlace de pago. El dinero va directamente a su cuenta, nunca pasa por nosotros.
El tono sube por etapas y se apoya en lo que prevé la ley. Usted puede revisar cada mensaje antes de enviarlo.
No. Le Frac es un software que envía sus recordatorios en nombre de su empresa. Usted mantiene la relación con su cliente y el dinero llega directamente a su cuenta, sin pasar nunca por nosotros. No gestionamos cobros por cuenta de terceros.
Se busca justo lo contrario: menos mensajes, mejor dirigidos. Un recordatorio enviado a la persona adecuada, en el momento adecuado y con un enlace de pago suele evitar los siguientes. El tono es cortés y luego firme, siempre dentro de la ley.
El tono se adapta y usted puede proponer un pago fraccionado. Un acuerdo por escrito y fechado protege a ambas partes. También puede pausar los recordatorios de un cliente en cualquier momento.
Sí, entre empresas. La Ley 3/2004 establece que los intereses de demora se devengan automáticamente al vencer el plazo, sin necesidad de aviso (art. 5), al tipo del BCE más 8 puntos: el 10,40 % en el segundo semestre de 2026 (art. 7). Además, prevé una cantidad fija de 40 € por costes de cobro (art. 8). No se aplica a las ventas a consumidores. Si usted lo elige, los recordatorios de Le Frac a otras empresas cuantifican estos importes a fecha de envío.
Es una estimación deliberadamente sencilla, basada solo en sus datos. Da un orden de magnitud de la tesorería inmovilizada en sus clientes, no una promesa de resultado. Su gestor o asesor puede afinar el cálculo con sus datos reales.
Con cualquiera que exporte en CSV, o con una simple hoja de cálculo. Importa sus clientes y, después, sus facturas pendientes de cobro.
Solo la información necesaria para los recordatorios: facturas, vencimientos y contactos de facturación, de acuerdo con el RGPD.
Recordatorios que entienden a sus clientes, para una tesorería que respira. Para autónomos y pymes.